24.1.13

Este jueves, relato: "Página 53"



RELACIÓN DE RELATOS: 


“Tokio Blues”
Haruki Murakami

“ Menos mal que eran invitaciones!
Tuve el impulso de agarrar la radio y tirarla por la ventana, pero empezó a dolerme la cabeza, me metí en la cama y me dormí...”

La Invitación.
La habitación estaba en penumbra, solo la luz que salía por la puesta del cuarto de baño, dejaba ver el cuerpo que yacía sobre la cama.  
__Siempre te pasa lo mismo, cuando es algo mío, algo que a mí me gusta, como sabes dar donde duele.__ En su enfado tiro al suelo la radio, que ofrecía un consiento dirigido por Karajan.
El llanto ahogaba sus reproches y empezaba a dolerle la cabeza, pero no se rendía.
__¿Sabes lo que te digo? Qué, no respondes verdad; esa invitación me costó mucho trabajo conseguirla, y así me pagas todos mis desvelos por ti. Te arrepentirás, pero contéstame, con tu silencio no conseguirás que me quede.
Miriam sale del cuarto de baño, perfectamente arreglada con un bonito traje de cóctel.
__Sammmmmmmmm !!!, es la última vez que te lo pregunto. ¿Vas a venir?, o ¿Tendré que acudir sola, una vez más?.
Viendo que Sam no se movía de la cama. Cogió su cartera de mano. Salió del dormitorio, bajo las escaleras y dio un gran portazo al salir a la calle.
Pobre Miriam, lo que empezó siendo un antojo, se ha convertido en pura obsesión.
Y allí quedo sobre la cama, Sam el muñeco hinchable.


"El Arte de la Prudencia”
Baltasar Gracián.

CONOCERSE A SI MISMO: Conocer el carácter, la inteligencia, las opiniones y las inclinaciones.  No se puede ser dueño de sí si primero no se conoce uno mismo…”

Pues vaya descubrimiento el  del número ochenta y nueve de este librito que se le acababa de caer a los pies mientras reorganizaba y limpiaba la biblioteca.  Lo primero que le vino a la cabeza fue que Sócrates ya lo había dicho antes, esto y muchas cosas, y el pobre como Jesucristo acabó como ya sabemos, no le quedaba otro remedio, algunos sesudos estudios se habían hecho sobre el paralelismo entre estos dos personajes históricos, pero él no estaba de acuerdo, al menos conforme les pintaba la historia, deformando lo razonable, como gusta al pueblo. (En  casos parecidos a estos  las mentiras cuantas más gordas mejor suelen sustanciarse con  las creencias populares, básicamente porque nadie quiere reconocer que no lo entiende, así pueden llegar a montarse los dogmas) 
Se dice que Sócrates era un chico listo pero feúco y chiquitajo, más feo que el demonio, ello debió favorecerle  el desarrollo de las entendederas para sobrevivir "del piquito"  y ser alguien en aquél enmarañado mundillo de pensadores que se llamaban filósofos.  También decían las  las malas lenguas, o quizás en este caso buenas,  que fue una mujer, 

 http://es.wikipedia.org/wiki/Diotima  la que le enseñó digamos que.... lo básico, lo cual aparece reflejado, en EL BANQUETE de PLATÓN. 

 De Jesucristo, el segundo personaje de la comparativa,  el autor de estas líneas prefiere no afirmar nada, pero secretamente piensa cosas muy diferentes de las que nos han vendido, entre otras que fueron varios los sujetos que gustaban apropiarse de dicha noble  procedencia, y seguramente de buena fe,  aprovechando que su pueblo lo llevaba esperando como agua de Mayo desde hacía mucho tiempo, conforme había sido anunciado por videntes de tiempos anteriores. Al fin y al cabo todos eran hijos de la Divinidad, no les faltaba razón; pero solo  a través del más preparado  se nos legaría algo de su pasado, no personalmente claro, que los grandes nunca escriben sobre sí mismos pero su pensamiento permea y trasciende la sociedad (Confucio, Buda, por nombrar a los más conocidos).  La mejor forma de transmitir su, por entonces, utópico pensamiento no podía ser transmitido sino mediante fórmula parabólica,  ¿de qué otro modo podría  explicar a un pueblo belicoso con unos valores tallados en agresiones y sufrimientos lo que tanto escocía al sentido práctico de entonces?

Tras haber pensado todo esto en cuestión de pocos segundos, lo que tardó en quitarle el polvo, volvió a depositarlo, esta vez en una estantería más cercana,  tras haber considerado que lo de conocerse a sí mismo  no estaría mal hacerse extensivo  a ciertos colectivos llamados pueblos, países, naciones.



“El Paraíso en la otra esquina”
 Mario Vargas Llosa

“…Su madre, que vivía entonces en un vecindario menos sórdido, en la rue Neuve-de-Seine. Madame Tristán no podía entender que no quisieras retornar al hogar, donde tu marido, el padre de tus hijos. ¡Flora! ¡Flora! ¿Qué locura es ésta? ¿Abandonar a André Chazal? Con razón el pobre hombre se quejaba de no recibir noticias suyas. Creía a su mujercita en el campo, cuidando de los niños. En las últimas semanas André había tenido, de pronto, quebrantos económicos: los acreedores lo acosaban, debió abandonar el piso de Fossés-Saint-Germain-des-Prés y su taller fue embargado por el Juez. Y, precisamente ahora cuando tu marido te necesitaba más que nunca, ¿ibas a abandonarlo? Su madre tenía los ojos llenos de lágrimas y la boca trémula.
-Ya lo hice- dijo Flora-. Nunca volveré a su lado. Nunca más perderé mi libertad…”

"¿Es aquí el Paraíso?"
"En la otra esquina, mi señor." (*)

Miro por la ventana y llueve con un sol resplandeciente de verano.
Miro: me miro las manos, me pienso los ojos, me reviso el pensamiento, me espío el alma, me encaracolo un instante en mi ombligo y me expando con toda la piel como una bandera.
La lluvia duró solo un momento. El vidrio se ha manchado de diamantes.
Sonrío y me emociono por casi nada en estos días.
Se me ha escurrido el amor de entre las venas, se ha desmadejado en mi pulso, desmayado de frutas amargas, rutinas inevitables, promesas imposibles, profecia cumplida.
Cupido ya no me entibia el corazón, ni Eros duerme a mi lado. Se nos ha ido el Amor. El Paraíso siempre en la otra esquina.
(Una nube pasa.)
Y todo es ahora esta libertad renacida, este espacio todo mío. Este goce que aún es una pena desdibujándose.
Laboriosa mi alma, vuelve a tejer con detalle mis tejidos antiguos: la luz de mi mirada, la textura de mi boca, la inquieta yema de mis dedos, mi turgente corazón.
De pie en mi misma, se despierta mi irredenta Libertad.
El Paraíso, por suerte, en esta esquina.

(*)referencia a un juego infantil en el que los niños cambian de lugar y el Paraíso también.




“DESPERTAR” 
Fragmento del relato:  “El billete de Lotería”
José Vte. García Torrijos.

“Todos los sábados por la mañana, y antes de acercarse al mercado para realizar la compra semanal, Josefa se acercaba a la administración de lotería y compraba su billete para el sorteo que se iba a realizar ese mismo día. Siempre, desde hacía ya doce años, compraba el mismo número a pesar de que nunca en todos aquellos años le había tocado gran cosa, tan solo alguna pedrea o alguna devolución, pero nunca nada serio, ninguna cantidad lo suficientemente importante como para permitirse algún capricho o algún exceso. Ese singular detalle no impedía que Josefa perdiera la esperanza y que acudiera fiel a su cita con la administración de lotería de su barrio…”

Aquel domingo Josefa salió temprano a pasear. Hacía sol y la temperatura era muy agradable.
Al pasar por la administración de lotería presintió que algo allí no iba como debiera, la puerta estaba abierta pero todo parecía demasiado tranquilo, una aparente calma sospechosa, así que se puso en guardia antes de entrar; en el despacho no había nadie, tampoco había rastro de Sara, la lotera.
Josefa la llamó varias veces, subiendo cada vez más el tono de su voz, pero solo obtuvo un aterrador silencio por respuesta. Aquello era muy extraño, si Sara hubiera tenido que salir habría cerrado la oficina, nunca la hubiera dejado abierta y sola. Justo cuando empezaba a plantearse avisar a las autoridades, una voz la sacó de su ensimismamiento:
Buenos días,  ¿Josefa?
Se volvió hacia la puerta y se encontró con dos hombres educados y bien vestidos.
Josefa dudó por un momento antes de contestar:
Sí, soy yo – ¿en qué puedo ayudarles?
En ese momento el otro individuo se abalanzó sobre ella clavándole una aguja en el cuello que la dejó sin sentido. La sacaron de la administración  y la introdujeron en un vehículo que esperaba arrancado justo en la puerta.

Nunca supo durante cuánto tiempo estuvo dormida; cuando recuperó la conciencia se encontraba en un avión, parecía un asiento de primera clase, a su lado, Ramón, su marido, sonriendo y ofreciéndola un Martini, mezclado, no agitado…
¿Nos ha tocado la lotería? – gritó ella-  Sabía que ese número nos traería suerte. ¿Y has preparado todo este montaje para darme una sorpresa?

Lo siento, Josefa, pero una vez más a ti te ha tocado perder, ingresé el billete en el banco hace días, Sara me está esperando y tú no entras en nuestros planes.
Aparecieron entonces los dos individuos de la administración:
Encargaros de ella - dijo Ramón –
La foto de Josefa todavía se puede ver en los carteles pegados por las calles del barrio: MUJER DESAPARECIDA.


“Aurora boreal”
Asa Larsson

“El golpe le hace caer de rodillas, aunque no hay arañazos ni hematomas porque la alfombra era bastante blanda. Después, el asesino le clavó el cuchillo dos veces…”

Fueron las primeras conclusiones de la policía científica. La tupida alfombra, aunque muda, hablaría.

Miraban el cuerpo, antes bellísimo, ahora un desagradable deshecho,  surcado por los cauces secos de sangre, tendido en un extraño escorzo.

Mientras el Juez levantaba el cadáver los inspectores salieron al exterior. En el aire gélido de la madrugada ambos expulsaban humo, ella fumando compulsivamente, él solo expelía vaho.
- ¡Queenie! Soñaba conocerla. - Confesó el joven. - Cuerpo perfecto y esa expresión, esos ojos, esa sonrisa…
- Mucho glamour, pero cagan y sangran, como cualquiera. - Respondió la veterana.
El cadáver lo descubrió una pareja a las 2,15. Avisaron al recepcionista, quien llamó a Comisaría y de ahí que los inspectores cambiaran su pijama por un anorak y salieran a esa inhóspita noche de miércoles de enero.
El recepcionista detalló los huéspedes alojados y las entradas y salidas del hotel.
El del barman relató que la víctima llegó al bar, deslumbrante y sola, a las 11,45.
Durante los cuatro gin-tonics que bebió  firmó tres autógrafos y despachó a dos moscones. Primero tecleaba en su móvil, luego conversó con él. Cuando marchó, a la 1,45, solo quedaba en un rincón del bar la pareja que encontró el cuerpo.

Los policías vieron llegar al bar del hotel a una pareja que cargó su desayuno a la habitación 214.
La inspectora se acercó a ellos y les preguntó si habían escuchado algo esa noche.
Ambos lo negaron, argumentando estar en tratamiento de reposo, con fortísima dosis de somníferos.
Les arrestó.
Aislados, en la Comisaría, ambos declararon.
Él confesó que no había tomado los somníferos. Sabía que Queenie estaba sola en una habitación cercana y quería abordarla. Lo hizo al oírla llegar, ella gritó y la golpeó para callarla. Negaba saber nada de las puñaladas.
Ella había notado algo extraño en su marido, por lo que no tomó su medicación. Cuando le vio salir, le siguió con un cuchillo para amenazarle y al ver el cuerpo inerte, descargó en Queenie dos puñaladas de envidia.

- Sus ojos enrojecidos denotaban que mentían, no habían dormido. - Explicó la inspectora a su sorprendido compañero


"La vida oculta"
Soledad Puértola

“Entendí entonces por qué se emiten tantos juicios equivocados o desacertados, por qué se clasifica mal una novela o por qué tantas veces tarda en valorarse una obra… Los bienes de la lectura son muchos… Pero ¿y los males?... Con la mente un poco nublada, me alejé de los manuscritos.”

Me senté en un banco cercano al sol. Tomar una decisión sería más difícil de lo que había creído en un primer momento, al aceptar la propuesta. Todas aquellas voces, se balanceaban en mi mente. Quién era quién. Cuáles sus sueños, sus deseos, qué les impulsaba a escribir esa obra maestra del engaño. Habían renunciado a su estilo, a ser ellos mismos y se camuflaban en el mundo de otro. ¿Sería este uno de los males provocados por la lectura? ¿Obsesionarse con un autor  y acabar escribiendo como él? ¿Copiarle el estilo, cuando el estilo es lo único que nos queda?

El tiempo se me echaba encima como un largo abrigo hecho de sombras de cipreses. Tenía que emitir un juicio que junto a las valoraciones del resto de miembros del jurado, desenmascararía a los encapuchados y proclamaría vencedor al mayor farsante de todos ellos. Pero, ¿y si resultaba que el que parecía más falso era el que había conservado mejor su estilo, el que había sido más verdadero? Entonces yo habría fracasado.



“Los viajes equivocados” 
Clara Obligado

“…La primera noche no quiso desnudarse y tuvo que esperar casi un mes para que se dejara acariciar. Aguantó, pero no se lo dijo a nadie, porque entonces todo el pueblo hubiera dudado de su hombría…”

Cada día la veía entrar en el baño y esperaba ese golpe seco con el que cerraba la puerta. Ese sonido dejaba claro lo que ella no se atrevía ni tan solo a insinuar. Luego de pasar un buen rato dentro, salía con la luz apagada. A tientas se metía entre las sabanas y con un: Buenas noches cariño, le daba la espalda y enseguida se quedaba dormida.
Esto fue así hasta aquel día en que Álvaro cumplió los treinta años. Para celebrarlo habían salido a cenar al restaurante preferido de Elena. Ella se mostró dulce y tierna con él. Le tomaba las manos mientras le hablaba, mirándole fijamente a los ojos, le hacía guiñitos cómplices y pícaros. Sí, esos guiños eran pícaros y sus sonrisas se dibujaban lascivas, malévolas, se decía Álvaro.
A medida que la cena avanzaba,  la tensión entre los dos crecía. En los postres un camarero trajo una tarta con unas velas encendidas, Elena le dijo: pide un deseo. El cerró los ojos y sopló dejando un rastro de humo con olor a cera quemada.
Al llegar a casa, su deseo, se cumplió.



"La Tierra de las Cuevas Pintadas"
 Jean M. Auel

"La Zelandoni hablaba de hacer algún viaje este verano para visitar otras cavernas, y yo he pensado que sería más fácil y rápido emplear los caballos..."

¿Este es el párrafo? me pregunté, y ¿Que saco yo de aquí? seguí preguntándome,me aseguré de nuevo de que efectivamente correspondía al primer párrafo de la pagina 53 y vaya que si lo era.
El demonio de mi hombro izquierdo me inducia a cambiar de libro, pero el ángel del hombro derecho me susurraba entre dientes cobarde, cobarde.
De repente me di cuenta, al final, pase lo que pase y emprendamos lo que emprendamos siempre estamos frente a la toma de decisiones, y entre tanta decisión se me fue la inspiración del relato.
Menos mal que pocos se darán cuenta de que las musas
me han dejado en plena duda ¿o no 


Vittorio Gassman, Un gran porvenir a la espalda.
Vittorio Gasman

“La intimidad introducida por el juego me acercó a una agradable viuda, la señora B., con quien con mayor frecuencia me encontré confabulando. Nació un pequeño flirt, entre las montuosas chepas y los bosquecillos que circulaban el hotel. Era la primera venial infidelidad que cometía con respecto a Nora, y mi impericia con las intrigas de amor me desenmascaró de la más torpe de las maneras; me pillaron en un pasillo mientras cambiaba con la viuda unas furtivas caricias, y por si fuera poco agravado por la actitud bromista y estúpida que había adoptado en un momento dado, arrodillándome delante de ella con las manos sobre el corazón…”

La vergüenza que pasé en aquel momento no sólo no fue causa para que dejara de internarme en el juego de las infidelidades, sino que, por el contrario, me motivó a seguir explorándolo.

Quizás el hecho de sentirme acorralado puso a prueba mi adormecida habilidad histriónica haciendo que, a fuerza de improvisar excusas creíbles para no comprometerme, mi ego desenfadado fue hallando en aquellas aventuras extramaritales la excusa perfecta para desempolvarse de la mediocridad de la rutina conyugal a la que mi matrimonio pertenecía y yo –desde mi fibra más íntima- luchaba por ocultar y combatir.

La adrenalina que corría por mi cuerpo en aquellas situaciones arriesgadas, hacía que me sintiera plenamente vivo, pese al riesgo y a las murmuraciones a los que me exponía, por lo que un eventual encuentro con algún marido celoso y resentido no me inquietaba demasiado, o quizás fuese ese un condimento más que me incentivaba para persistir sin arrepentimientos en la trama de engaños e infidelidades.


Fue recién después de varios encuentros clandestinos descubiertos por la que aún era mi esposa, que tomé conciencia de la verdadera naturaleza de las cosas: cada una de aquellas escapadas amorosas con las que intentaba burlar la chatura de mis días, iba dejando una huella indeleble en mi interior. La mentira iba anidando cada vez más cómodamente en mi corazón al punto que nada de lo que decía o hacía, lograba al fin alcanzar el rango de honesto parecer. Ni yo mismo sabía ya si mentía o si en cambio decía la verdad. Las dos caras de la moneda de mi falsaria personalidad se hicieron una, y nada sincero de mí quedó sin corromperse. 

Nada digno de preservarse sobrevivió después de aquella tortuosa sucesión de escapadas y falsas promesas de amor sincero. Mi dignidad se extinguió. Mi credibilidad se hizo polvo entre las faldas de esas mujeres, de las que hoy, ni siquiera recuerdo el nombre.



“La vorágine”
José Eustasio Rivera)

 “Indudablemente, mi nueva amiga me favoreció aquella noche en ese juego plebeyo, desconocido para mí…”

Nunca la había visto antes y no sé por qué hado del destino, puso sus ojos en mí. Cada vez que lanzaba los dados, me observaba haciendo una extraña mueca con su boca como sugiriéndole al azar que estuviera de mi lado. Y así fue, una y otra vez.

Cuando terminó la partida, me retiré en silencio. Solo mis ojos hablaron. Le dijeron todo cuanto tenían ganas posándose en su rostro, en su pronunciado escote, en la curva de sus caderas para envolverla como un suspiro de profundo anhelo. Mirándome a los ojos asintió levemente. Pareció un gesto casual, sin embargo, cargaba toda la intención del deseo. Me siguió sumisa hasta la posada donde paraba y subrepticiamente, como sombra, se escabulló hasta mi lecho. La noche fue testigo de nuestro vaivén de sensaciones. Caldeados susurros acariciaron el silencio. La luna se durmió en un vértice de la ventana hasta que se la engulló el día.

Desperté luego de un sueño espeso, donde cubiletes repiqueteaban como tambores y blancos dados danzaban cantando suerte. Al abrir los ojos me invadió una aroma dulce que embriagaba mis sentidos. Miré a mi costado esperando ver su blanco cuerpo… más solo encontré su huella húmeda sobre la sábana, reafirmando que en algún momento fue presencia.

Al otro día acudí al lugar donde la conocí. No alcancé a encontrarla. Varios hombres jugaban a los dados. Me sumé a la partida, esta vez sin la suerte de la noche anterior. Un hombre robusto de risa estridente, venía ganando repetidas veces. Miraba con insistencia hacia la puerta, lanzando guiños de complacencia. Di un giro, intuyendo que allí estaría ella… sin embargo no vi ni el filo de su silueta. Un joven se me acercó. Recordé haberlo visto la noche anterior. Suavemente dijo en mi oído: Lo siento amigo, la suerte esta vez no te acompaña…



"Noticia de un Secuestro"
Gabriel García Márquez.


“No sea ingenuo, mijito – le dijo – usted no tiene la menor idea de cómo son esos tipos. No hay nada que hacer...”

El viejo se quedó farfullando unas palabras sueltas, mientras a él se le desgajaba la tierra bajo los pies, pequeños, para entender todavía tanta indiferencia.
Quería detener el latir de las filosas agujas del reloj, clavadas en su costado izquierdo.
Demoraba la noche pensando cómo sería su voz cayendo por las arrugas de su cara, hacia ese pecho frondoso, una vez llegado el tiempo cruel de la vejez.
Trató de escribir aire, solo para que no se fuera, moviendo en retroceso, la puerta de salida.

Le quedó de recuerdo su gesto soberbio, insensible, melindroso. Los comentarios de su vida disoluta, llena de excesos. El despilfarro de cariño con sus modos refinados y sutiles depositados en extraños, mientras a él lo abrumaba la tristeza del fin que  estaba próximo.
En el letargo mórbido de la espera, que conoce el final de antemano, pasó la última noche abatido y sin fuerzas para reclamar.
Desasosegado se durmió.

Lo despertó un aire cargado de malos presagios que se colaba por la ventana de la otra habitación. Corrió hasta ella, y como en una tumba violada, resonaban en el armario las perchas despojadas, con su tañer fantasmal y atolondrado.
Su grito casi le pisó los talones a la hierática figura que se perdía en el camino.
-¡Papá!- gritó. Y nunca más le vio la cara.


“En nuestro patio”
 María Iordanidu

“Cuando volvimos a casa, durante muchos días viví con mi fantasía todavía en Tatavla. Veía todos aquellos elementos. En algún momento quise dibujarlos. Cogí un palo de carbón y comencé a dibujar sobre la blanca pared de la cocina.
           - ¿Te has vuelto loca? Gritó la abuela.
           - Quiero dibujar, yayá.
           - ¿Dibujar? ¿Y no lo dices?
Gritó inmediatamente a Sultana y la mandó a la botica a comprar un cuaderno, un lápiz y una caja de lápices de colores. Desde aquel día abandoné las cerillas quemadas y las cajas de cerillas y me metí de lleno en el dibujo.”

Dibujar era su pasión y sabía cómo procurarse los palitos con la punta de carbón. Hasta las cerillas usadas recogía por la calle, eran las mejores para hacer las finas líneas, y las conservaba en un viejo tarro de cristal sin tapa. Solía contarlas por las noches y, dependiendo de la cantidad, sabía el tamaño del dibujo que podría realizar. Fantasía, monstruos y fantasmas eran fáciles de dibujar porque nadie los había visto nunca y podía dejar volar su imaginación; además, no necesitaba colores. La pared de la cocina era de un tono blanco viejo y ahumado, el mejor lugar para dibujar y el más amplio de la casa. En la misma cocina solía su anciana madre pasar todo el día y se sentía segura con la sola presencia de la pequeña; al llegar la noche la ayudaba a subir la oscura y enmohecida escalera hasta la habitación y hasta la gran cama que ambas compartían por temor. 

La anciana había perdido la vista debido a los golpes propinados por su borracho esposo; desde aquel día en que el doctor visitó la casa, no había vuelto más que en dos ocasiones para pedirles dinero; al igual que la ocasión anterior, la negativa a su requerimiento traía consigo golpes y sangre para las dos mujeres. Cuando escuchaban cualquier sonido en la puerta o en la calle durante la noche, ambas temblaban abrazadas en la cama.
La gran pared de la cocina tenía grietas y lugares abombados por la humedad, que la niña aprovechaba para crear criaturas en relieve. Finalizado cada dibujo, eliminaba con un trapo el carbón y volvía a comenzar. Dragones voladores cubrían aquella tarde toda la pared. Hermosa. Mañana la borraría, estaba más cansada que nunca debido a los escasos alimentos.

Una semana después, un cuerpo encorvado y uno más pequeño fueron descubiertos en el suelo, al lado de la cama y cubiertos de sangre, los cráneos chafados totalmente irreconocibles y madejas de pelo enredadas en los blancos camisones.

Cada noche en aquella casa, dragones pintados con carbón aparecen en la pared, por la mañana desaparecen porque cuentan que una niña la limpia con un trapo cuando sus ocupantes duermen plácidamente.


El Invierno del Mundo.
Ken Follet

“Cuando Lloyd volvió a coincidir con Walter y Maud, los encontró más enfadados y más asustados...”

Los altercados fueron  lo suficientemente graves para pensar que el peligro no había pasado.
Lloyd llevaba un año en Barcelona estudiando ciencias económicas y Walter y Maud llevaban en Barcelona diez años. Decidieron instalarse, por el buen nivel de vida que se disfrutaba y por el clima, el sol les encantaba. 
Después de tantos años, era la primera vez que notaban que las cosas se iban torciendo, la crisis tocaba de lleno a toda España y Cataluña no se libraba, la situación era tan complicada que la gente se echaba a la calle sin importarle lo que les pudiera pasar, no tenían nada que perder, peor no podían estar.
Durante este año Lloyd hizo amistad con un chico, cuya situación familiar cambió de golpe, el padre se quedó sin trabajo y el dinero empezó  a escasear. 

No podía continuar estudiando, no tenían dinero, las tasas habían subido tanto que le  era imposible permitirse ese lujo. Decidió acompañarle a aquella manifestación, debía ser solidario, porque su país, Inglaterra, comenzaba a ver los primeros síntomas de la crisis, y sus tíos Walter y Maud pensaban lo mismo, acudieron porque se lo debían a este país de acogida. 
Nunca vieron tanta gente en una manifestación , por los recortes en sanidad y educación, no se podía continuar así, la indignación era tan grande que la calle era la única solución  y allí estaban. 
Marcharon, protestaron; pero a los gobernantes no les gustó, y mandaron a las fuerzas del orden, motorizada y a caballo, lanzaron proyectiles de todas clases, hubo heridos y la gente  huyó despavorida, cargaron una y otra vez, no consentirían que acabaran con sus planes, algunos resistieron; pero aquello se convirtió en una batalla campal, heridos, fugas, detenidos, y, al final…los pocos que quedaron, se rindieron. Tal vez… esto no acabará nunca; pero la lucha continuará.



“El hombre de San Petersburgo”
Ken Follet

"Un sentimiento especial se apoderó de Feliks. Se preguntó si había sido suscitado por las muchachas, pero no, no significaban nada para él..."

¿Desde cuándo se había visto él empujado a nada por una mujer? 
Caminó con paso cansino por la acera, se percató de que sus pasos no habían ido sorteando las juntas entre los baldosines que formaban una cruz como había hecho siempre, superstición atávica heredada de su santa madre, y había pisado donde no debía. Eso a su entender traería malas consecuencias.

Subió las escaleras despacio, sobre los tablones de madera que las formaban iba depositándose la escarcha de aquella fría noche de Enero. Tardó en introducir la llave en la cerradura, sus manos heladas respondían torpemente. Dio dos vueltas y empujó, Marlin solo cerraba así la puerta cuando se acostaba, le tranquilizo la idea de que estuviera dormida y no tener que discutir, ella ya le había dicho que en cuanto firmara el contrato del apartamento se iría.

Se paró frente al espejo del  recibidor, en  la imagen que le devolvió, sus ojeras se marcaban cada vez más profundas,  su barba de tres días le daba un aspecto descuidado…había carmín en el cuello de su camisa y olía a perfume barato. 
Metió las manos en los profundos bolsillos de su abrigo, en  el derecho tocó la fría hoja del cuchillo que había paseado durante dos días, lo empuñó y subió sigiloso la escalera, se acercó a la puerta del dormitorio que estaba entreabierta, contuvo la respiración y se asomó. 

Marlin no estaba, miró a su alrededor, las puertas del armario abiertas de par en par solo mostraban perchas vacías, sobre las cajoneras solo un suéter viejo que Marlín no utilizaba desde hacía tiempo, los cajones vacíos. 
Casi respiró con alivio.
Se aproximó a la ventana que estaba abierta y sintió el frío, volvió aquel pensamiento “¿Desde cuándo él se había visto empujado a nada por una mujer?” y se precipitó cayendo sobre los azules baldosines de la piscina vacía que no tardaron en teñirse de rojo. 



"Black&Blue"
Ian Rankin

"Spaven murió poco después: suicidio con un escarpelo, un tajo en la garganta por el que cabía una mano..."

Era la versión de los periódicos, pero Rebus no se lo tragó. ¿De dónde sacaría un instrumento quirúrgico, ese escritor de best-sellers infumables? Tuvo que liquidarle alguien horrorizado por sus tostones, escritor verdaderamente genial que trabajaba de cirujano o en la morgue. El tajo era obra de un profesional.
Le tocó investigarlo, escaseaban los crímenes en Edimburgo, acababa de pasar la Navidad, los asesinos aún tenían el árbol con sus bolitas, regalos por devolver, resaca.

Recordó lo que ponía la nota...murió poco después.
¿Después de qué? Releyó todo el artículo: Se publicó su último éxito; El misterio de la cripta,...
Lo tópico, enigmas esotéricos con sectas de por medio y pinceladas del Apocalipsis, la Cábala, los Templarios, Rosacruz. Esta vez Spaven ventilaba las vergüenzas de los Cátaros.
Rebus compró el libro, estuvo a punto de desistir en la página 53, continuó mortificándose. Al cabo de 1787 páginas y dos cartones de tabaco, sin contar tres botellas de whisky, creyó resolver el caso.
El críptico misterio dejaba de serlo porque un médico forense adicto a la secta, la cual hoy continuaba secretamente en el Périgord, asesinó al cura que investigaba las fechorías de los albigenses y se disponía a denunciarles a las autoridades.

El viaje a Francia donde se degustan "patés du foie", "confits du canard", resultó gastronómicamente hablando, genial, y fatal para la cintura de Rebus a la cual añadió dos centímetros.
Husmeó un poco y supo que el último Perfecto de la orden, según el párroco de Villefranche , que lo tenía vigilado, era taxidermista, usaba con destreza el escarpelo y viajó a Escocia. Le confirmaron en el hotel de Edimburgo que pernoctó dos noches, coincidiendo con el asesinato de Spaven. Enrique de Lausanne, último superviviente de la familia, último Perfecto, confesó de plano con lágrimas en los ojos, Parvus le comprendía, no le faltaban razones para eliminar al que había escrito tan infames letras.         




"Hija de la fortuna"
Isabel Allende

“Eliza Sommers era una chiquilla delgada y pequeña, con facciones delicadas como un dibujo a plumilla...”

Etérea, casi leve, sonrisa triste, ojos enormes y oscuros. Hablo de ella en pasado y siento un dolor lacerante. Hace solo unas horas estábamos los dos, rodeados de aparatos y enfermeras, prometiéndonos amor eterno, como si eso pudiera defendernos de la muerte. La muy traidora no tiene piedad ni siquiera de los amantes y no siente remordimiento alguno: llega, hace su trabajo y parte en busca del que sigue en su lista.

Durante la ceremonia no escucho el responso ni presto atención alguna a los dolientes. Nadie repara en que Eliza está alli, de pie junto al centenario roble, a unos metros de la tumba. ¿O será mi imaginación que me juega una mala pasada? Sin embargo … es ella, lleva ese vestido blanco que tanto me gusta y su figura sobrenatural se confunde entre la gente. Le hago un gesto con la mano, le sonrío pero no me ve. Quiero llamarla, gritar su nombre pero prefiero esperar a que todos se hayan ido; menudo escándalo armaría, no quiero asustarlos, no quiero que crean que he enloquecido ni que sientan lástima de mi.
Sigo observándola hipnotizado y mi angustia crece. Escucho que alguien pronuncia mi nombre, de pronto todo se nubla y me desvanezco.

Cuando despierto el entierro ha terminado ya a lo que parece, pues no queda nadie. Solo Eliza sigue allí junto al roble. Me levanto y voy hacia ella: ¡Eliza! ¡Eliza mi amor! ¿No me escuchas? Ella levanta la vista un segundo sin emitir sonido. ¿Será que la comunicación entre vivos y muertos solo puede ser visual? 
Entre sollozos, se quita la cadena que le regalé, la enrolla en la cruz recién colocada y se aleja. ¡No te vayas por favor, no me dejes! ¡Toma, llévate al menos la cadena! – le grito desesperado mientras intento arrancarla de la madera y me quedo de piedra al leer: “José Luis Iglesias - 1982-2012”



“La abuela Lola” 
Cecilia Samartin. 

“A espaldas del paramédico vio que habían tumbado a Lola en una camilla y la estaban asegurando con correas a ella”.

Las maniobras de resucitación habían sido infructuosas, las heridas eran demasiado profundas y había perdido mucha sangre.
Cabizbajo, frotándose las manos, el hombre mantenía la mirada perdida en algún punto del suelo, ensimismado en sus pensamientos. Lo había visto venir y no pudo hacer nada para evitar la tragedia.

Mira que se lo he dicho veces, que no quiero verte con esas pintas, que no me gusta que te miren y menos que crean que soy un cabrón, pero ella no quería oírlo y siguió poniéndose  aquella falda que se ceñía a sus caderas, y salía a la calle  balanceándose descaradamente, no puedo dejar de pensar que podía haberlo evitado solo con hacerme caso, joder, es tanto pedir que le respeten a uno, pero ella no se entera.



Cuando pasaba por el bar de la esquina todos se giraban para verla caminar, y allí estaba yo, dando cornás,  puesto en evidencia por su poca cabeza, si yo solo quiero que me respete, que soy su marido, que me debe obediencia, que ya lo dijo el cura, pero ella no se entera, los pechos asomando por esos escotes que me ponen malo, y ella agachándose a coger al niño y enseñando hasta el ombligo, mostrando lo que solo yo tengo derecho a ver, lo que es mío y solo mío, y yo dando más cornás que el hambre.

Coño, es mucho pedir que le respeten a uno, ya lo estaba viendo venir pero no me escuchaba, se lo estaba buscando, que más de una vez le advertí que me estaba cabreando, que un día iba a hacer una locura, y ella erre que erre, que me pongo lo que me apetece, que lo que se van a comer los gusanos que lo vean los cristianos, y más palabrería de las suyas, que para eso sí tenía cabeza, para hablar hasta por los codos. 



Hoy me ha puesto fuera de mí, si hasta la he visto sonreírle al maestro de la escuela, es que no se entera, pero ya se habrá dado cuenta de lo que le decía, en adelante se va a pensar las cosas antes de sacarme de quicio.



"El alma de Gardel"
Mario Levrero

"No hay como comportarse de modo sospechoso para sentirse culpable. Pero cuando volví a abrirlo no sucedió más nada de anormal. Devolví el libro en el mostrador y me fui, tratando de desalojar de mi mente la persistente imagen de Gardel que me hacía señas, ahora desde mi memoria."


Era una mañana como cualquier otra, pero en el aire serpenteaba una luz especial. Un brillo cuya diafanidad invitaba a dejar huella.

De mi cuello pendía una piedra verde, y a modo de talismán llevaba conmigo una vasija de cerámica que emanaba mi esencia favorita. No pude negarme; desde que la descubrió, fue suya.
Lo acompañé en sus tareas habituales. Nadie, nada, avisó que desde aquella primavera, sus/mis primaveras, pasarían a ser nuestras. No, no hubo guiños ni anticipos.
Pudo haber sido la primera vez y la última y sin embargo no, desde aquella esquina de Lerma y Canning, dos mundos se volvieron paralelos.
Sabía que me gustaba leer. Ignoraba qué. Que la gente debía acudir a mí cuando estaba bien, aunque así no fuese, y él hubiese trabajado tanto para que sí.
En verdad lo ignorábamos todo el uno del otro ya que hasta ese día, nuestros universos, poco habían tenido que ver más que con aquello que nos unía: el entorno laboral.
Me dijo por ejemplo, que fumaba tabaco hindú. Desconocía que su mundo desbordaba de libros y estaba plagado de papeles y de desorden.
Días más tarde viajamos, y recorrimos una peatonal a la que hoy en casi veinte años he vuelto tantas veces -por suerte aprendemos a soltar pasados- y me distraje en una librería. Conmigo solo llevaba Ética para Amador...
Un libro, uno de ellos me llamó; las tapas de los libros siempre lo han hecho.
Irrumpió un nuevo viaje. Esta vez permanecería sola. Parecía imposible de tolerar. Llevábamos un mes juntos y ni un día separados. El imán era ineludible. La pausa insostenible.
La vasija de lavanda la llevaba en su cuello, y yo había abandonado mi piedra verde; él me había fabricado un escapulario tan alegórico como ese futuro elegido en cuatro días. Sí. En tan solo cuatro días habíamos definido un destino. Un único camino par.





“Los caracoles no saben que son caracoles”
Nuria Roca

“Hablamos de los detalles de la foto y me paso un rato especulando sobre qué pudo ocurrir. Desde que la descubrí he fantaseado con todo tipo de historias, hasta que mi padre pudiera ser un espía en una misión secreta que no puede desvelar su identidad y que a lo mejor Maite es una agente terrorista…”

Te imaginas, toda una vida juntos y de pronto descubres que tu entorno más próximo está hecho de sombras, de incógnitas y de preguntas de las que seguramente nunca tenga respuestas.
Sólo me queda Maite, pero sé que esa hija de puta, no soltará prenda, desvelar secretos sobre mi padre no lo conviene, y no creo que haga conmigo una excepción.
Sin embargo… esa foto tiene algo que me intriga y no sería justo sacar conclusiones equivocadas. Confieso apenada no haber participado más en la vida de mi padre, pero a la muerte de mamá fue él quien se alejó y sus ausencias no contribuyeron precisamente a potenciar nuestros afectos.
Ahora, viendo esa cara, ese gesto, brotan de mi lápiz olvidados bocetos que se escondían sedimentados en el fondo de mi corazón.

La foto tiene fecha, pero no la sitúo, hace ya demasiado tiempo que soñaba con su vuelta y por encima de las personas que aparecen, me invaden los objetos que hay en ella. Esa máquina de escribir sin papel, ese bote de lápices vacío, esa mesa de despacho rodeada de gente que posa sin hacer nada... Y Maite que rodea con un brazo el de mi padre y el otro escondido se pierde en el trasero de su secretaria.
En esa foto sigue habiendo algo que me intriga.


“El invierno del mundo”
Ken Follet

“Carla reparó de nuevo en su madre que le observaba con una sonrisita enigmática...”

Con el transcurrir de los minutos aumentaba su curiosidad. No  comprendía qué hacía allí, sentada alrededor de aquella enorme mesa ovalada rodeada de tantos vejestorios enchaquetados en lugar de estar con sus amigos, precisamente el día que habían planeado ir de excursión a la casa misteriosa abandonada de las afueras. 
Carla disfrutaba con las aventuras, sus lecturas preferidas eran las que tenían que ver con enigmas, en las que el mundo fantástico se entremezclaba con el real, donde los hombres eran juguetes a merced de unas fuerzas superiores, donde siempre había un héroe o heroína que restablecía el orden tras el  caos.
Miró hacia el reloj de cuco que presidia el fondo de la habitación. Las agujas apenas se habían movido. Juró que nunca más se dejaría convencer. Lo que su madre le había contado para llevarla hasta allí de que viviría una enorme aventura era una patraña. Aquello parecía más un velatorio, todos tan serios; o… pensándolo bien parecía más bien la espera a la lectura de un testamento. Eso, efectivamente, de eso tenía pinta.

Carla se movía inquieta en su asiento cuando por la puerta entró un hombre ataviado con una extraña vestimenta y peluca  que se dirigió a la presidencia de la mesa. Con ojos asombrados giró la mirada hacia su madre que le confirmó con una señal de su cabeza de que lo que contemplaba era cierto. Aquel señor era su padre. Fascinada le escuchó decir:
-Yo, Michael de Parfois, brujo de Bargilé, os he convocado aquí para que testifiquéis el juramento de mi hija Carla de Parfois, en su iniciación a la brujería, una vez  que ha cumplido  la edad que marcan las reglas de nuestra Hermandad. Carla, ponte en pie, Carla, ponte en pie…
-Carla, ponte en pie y dinos que significa lo que está escrito en la pizarra. Carla, ponte en pie, ponte en pie… ¡Parece que la señorita Parfois ha volado al reino de los sueños, una vez más! –dijo la señorita Tangus provocando la risa de todos los niños de la clase. 


"Alevosías"
Ana Rosselli

“Eva estaba confundida y en toda ella aún no se había calmado el estremecimiento que, en el sueño, la había desmadejado dejándola lánguida y nerviosa…”


 Como en  otras ocasiones  se había quedado dormida en  el tren,  pero  esta vez  sus propios gemidos la habían despertado.  Miró  al pasajero que compartía su vagón y  le inquietó la  mirada  que también sostenía una burlona sonrisa. En principio esquivo el contacto visual con el joven , después   se recreó en su atractivo.  

Le gustó el pelo  oscuro, ensortijado y revuelto   que le caía sobre la frente,  continuó examinando cada rasgo de ese rostro que  la observaba sin rubor, y sin pestañear se asomó a los ojos verdes del extraño, que con gesto amable  le ofreció un cigarrillo. 



Eva se incorporó  para aceptar  todavía aturdida  por  el recuerdo . 

Cuando tuvo el cigarro en su mano  y lo puso en su boca, el tren frenó en seco, haciendo  que  cayera entre los brazos del pasajero, y éste,  la sostuvo con fuerza  hacia  su cuerpo  hasta que se sentó sobre las piernas de él. Notó  el calor de sus mejillas que rozaban  las suyas y luego,  tras mirarse de nuevo, el pasajero saboreo con su lengua los labios de ella. Bajo sus posaderas  percibió que los sueños crecían al mismo ritmo que  sus gemidos.  



Ya no había fronteras entre el traqueteo y el baile de cuerpos en el tren. Eva cerró los ojos  y murmuró  en el oído de su acompañante: por favor, no me despiertes, por favor  no me despiertes...



“Diez Mujeres”
Marcela Serrano

“Fue entonces que viví el efecto luna llena. Así lo llamé. Me sentía como si yo misma fuera una gran luna, creciendo y creciendo de a poquito, noche a noche, para llegar a ese estado completo, absolutamente luminoso, donde nada falta ni sobra"

    A Lucila el viaje le parecía interminable. Estaba callada mirando pasar las casas y los árboles por la ventanilla del auto.            A pesar de que Jesi le había hecho prometer que no lloraría, la congoja se le adentraba en el pecho y en cualquier momento iba a explotar en llanto. 
     Eran amigas desde siempre, inseparables. Habían transitado juntas toda la vida acompañándose en las buenas y en las malas.  A pesar de que eran dos personas completamente diferentes, en vez de rechazarse se complementaban.
     Jesi era hermosa. Tenía el  cabello rubio, larguísimo y lleno de bucles.  Sus ojos verdes,  luminosos, expresaban todo con solo mirarlos y su cuerpo era armonioso. Era inteligente, siempre salía elegida como la mejor compañera, la mejor alumna, la mejor en todo. Se había recibido de analista de sistemas en pocos años. Tenía una personalidad simpática, amaba la vida y la vivía a pleno sin detenerse en nada. 
     Cuando Jesi le dijo que le habían confirmado el puesto que siempre había soñado en esa empresa española sintió que la desolación se adueñaba de su alma. ¿Qué haría sin ella?  ¿Cómo encararía la vida sola sin su amiga? No quería que llegara nunca ese momento, pero tan pronto como se dio cuenta, los días pasaron y ya estaba en ese auto yendo al aeropuerto. Le había pedido que no la obligara a  ir a despedirla, pero Jesi, con ese poder de convicción único que tenía sobre ella, había logrado hacerla ir.
     Lucila seguía pegada a la ventanilla tratando de no pensar, pero la melancolía se adueñó de sus pensamientos y le trajo el recuerdo de su infancia juntas. Las tardes cuando jugaban y se disfrazaban. Jesi siempre era el hada o la princesa, los disfraces le quedaban pintados. En cambio a ella con su cabello oscuro y su figura desgarbada le costaba parecer una heroína. Así que optaba por elegir un disfraz  más acorde a su figura; una bruja o una madrastra malvada.
     No sabía por qué siempre le cedía los mejores roles a Jesi. Cuando empezaron a salir en la adolescencia, Lucila la dejaba entrar primero a todos lados para pasar desapercibida. Sentía que estar a su lado le daba valor.  Al contrario de su amiga ella era tímida, la naturaleza no la había dotado tan bien, su contextura regordeta no la ayudaba.  Si encontraba a algún chico que le gustara, esperaba semi escondida detrás de Jesi hasta que él se le acercara. Nunca había tenido esa suerte, los chicos siempre venían a hablarle a su amiga que fácilmente los conquistaba con su espléndida sonrisa. Siempre se quedaba con las ganas.  Lejos de envidiarla la admiraba.

     La llegada al aeropuerto la sacó de sus pensamientos, bajaron las valijas que eran muchas.  A Jesi le encantaba estrenar un modelo nuevo siempre que podía y combinarlo todo. Lo que no le gustaba era compartir su ropa, decía que cada una tenía su estilo y era mejor no mezclar.
     Luego de acompañarla a hacer los trámites previos al abordaje,  fueron las dos a tomar un café. Un silencio incómodo reinaba entre ellas. No le salían las palabras, estaba triste. Jesi estaba demasiado excitada parecía no importarle demasiado alejarse tanto, todo lo que decía era sobre su nueva vida, siempre había pensado más en ella que en los otros.
     Caminaron un rato por el aeropuerto y cuando llegó la hora de la despedida Jesi la abrazó fuerte,  y le dijo que jamás la olvidaría. Lucila la tomó de las manos y le deseo lo mejor en su nuevo emprendimiento. Quedaron en comunicarse por internet apenas pudieran. 

     Mientras Jesi subía la escalera para abordar, Lucila se  acercó un poco más al cristal del mirador para ver despegar el avión, agitó su mano, y  tomó un pañuelo de su cartera. Asombrada se dio cuenta que su cara estaba seca, no había llorado. Cuando el avión ya estaba en el aire tuvo una extraña sensación interior que jamás había tenido… Una inesperada liberación la invadía completamente.
     Recién allí sintió la humedad que brotaba de sus ojos. Respiró profundo reteniendo ese aire nuevo que la llenaba.  Guardó el pañuelo y dejó correr ese manantial sanador que tenía guardado desde hacía tanto tiempo sin saberlo,  sabía que esta vez esas lágrimas eran de alegría.
     Giró sobre sus talones, y sin mirar atrás comenzó a caminar asegurando sus pasos hacia una nueva vida.



(Dedicado con cariño, admiración y respeto para nuestros queridos reporteros del “The Daily Planet’s Bloggers”)

“La reina en el palacio de las corrientes de Aire” 
tercer libro de la trilogía Millennium
Stieg Larsson

“Si Millennium ha funcionado hasta ahora es porque tú y Mikael os complementais”

Erika Berger, redactora jefe, es metódica y cerebral. Dotada para la gestión, planificación y liderazgo. Mikael Blomkvist es intuitivo y anárquico. Dotado de una gran inteligencia y un  instinto especial para escarbar y destapar todo tipo de componendas y corruptelas en el mundo político, empresarial y financiero.  Amigos íntimos,  amantes ocasionales, fundadores de la revista Millennium, periodistas comprometidos, de raza. El éxito de la revista es fruto de la perfecta simbiosis de los dos.
Quiero explayarme en un aspecto común de su semblanza, el de ser amantes ocasionales, por lo que su peculiar relación puede suponer de choque cultural. Desde sus tiempos de Universidad mantienen esporádicas relaciones sexuales a las que no han sabido ni querido renunciar a pesar de que cada uno de ellos ha contraído matrimonio con otras personas. La esposa de Mikael, no pudo soportarlo y lo abandonó. 

Por el contrario, Greger, esposo de Erika, estaba del todo conforme con el hecho de que Mikael fuera el amante de su mujer. La relación tenía lugar con su consentimiento y aprobación. Esta actitud conformista, me plantea una serie de interrogantes que someto a vuestra consideración. ¿Es posible amar a una persona, gozar sexualmente con ella y, al mismo tiempo no tener sentimientos de culpabilidad ni sensación de ser infiel gozando con otra?. ¿Somos los humanos monógamos por naturaleza o es una consecuencia cultural, religiosa o social?
¿Son estas actitudes y comportamientos inmorales o amorales?
¿Es la actitud de la persona que consiente y aprueba, un signo de amor incondicional y de respeto hacia la libertad de su pareja?

Se me ocurren algunos interrogantes más como los anteriores, pero creo que como muestra, es más que suficiente. 
Finalmente para suavizar un poco la aridez de las cuestiones anteriores, os dejo con una gota de humor.
¿A ti que te parece que los curas puedan casarse?
Realmente... Si se quieren, ¿por qué no? 



"BUENOS DÍAS
Alicia González García, 2012

“Pero algo pasó el día de la cita. Altagracia me llamó para comentarme que todo estaba arreglado, que Miriam y el bebé se quedarían en casa. Intenté saber qué pasaba, pero choqué contra un muro; ninguna información que ella no desease dar saldría de la boca de esa mujer, lo único que me comentó es que la familia se ocuparía de todo...”

Al colgar, el teléfono por poco se me cayó al piso. ¡Miriam no vendría ni el bebé tampoco, por supuesto! En el pasillo tropecé con la cuna porque anoche ya no me quedaban fuerzas para colocarla en lo que iba a ser su sitio. Me fijé en las sabanitas limpias algo deslucidas por el uso y pasé la mano por la frazada. ¡Si tenía hasta bolitas! Los recién nacidos, ¿se las comen y pueden ahogarse? Me entró pánico al pensarlo. Luego lo comentaría con la vecina que me la había prestado… sin embargo ya no tenía nada que consultar porque no la necesitaría. La empujé hacia la entrada, un mueble vacío, inútil y fuera de lugar en mi casa de solterona. Además estrechaba el paso de una manera que de pronto me pareció insoportable.

Entreabrí la puerta de mi cuarto donde iba a dormir Miriam con su pequeño. Después del fregado que le di hasta las tantas, todo olía a fresco. Por debajo de la persiana a medio cerrar, se colaba el sol y en el escritorio apenas se notaba la marca del portátil que había trasladado a la mesa del comedor donde su cable no llegaba al enchufe.

Con cierto alivio volví a ponerlo donde solía estar aunque ahora no tenía tiempo para escribir. Iba a devolver la cuna y recoger al gato que había llevado a casa de mamá porque Miriam me había dejado bien claro que no consentiría que una mascota se acercase a su niño.

Una vez vestida, saqué la cuna afuera y metí la llave en la cerradura de la puerta. En el comedor empezó a sonar el teléfono fijo pero no entré a cogerlo.



“La isla bajo el mar”
 Isabel Allende.

“Por un tiempo, dos o tres semanas, no pensé en escaparme. Mademoiselle era divertida y bonita, tenía vestidos de muchos colores, olía a flores y salía por las noches con sus amigos, que después venían a la casa y hacían lo suyo, mientras yo me tapaba las orejas en la pieza de Loula, aunque de todos modos podía oírlos…”

Sus alocadas risas se fueron apagando, mis parpados cayeron livianos al mismo tiempo que se liberaban mis oídos. ¡Lo vi! La altura de la noche nos dejo solos; en mi plena oscuridad consentida, poblada de aromas. El porte de su voz hizo presencia, su mano urgente, sus labios hambrientos, todo fue cuerpo. 

Pechos de magnolia y el andar de su lengua, atravesamos el silencio mas allá del tiempo, deje de escaparme de los dedos que buscan, los pies que proponen. ¡El horizonte era tan vertical que se confundía el sol y la luna! Hasta que el primer peldaño de luz me encontraba arañando las sabanas de Madeimoselle.



Travesuras de la niña mala
 Mario Vargas Llosa.

“Arnoux estaba allí, en una mesa de la terraza protegida por una vidriera, fumando con boquilla de marfil , y tomándose un café. Parecía un maniquí de Vogue vestida toda de amarillo con unos zapatitos blancos y una sombrilla floreada. El cambio era extraordinario, en verdad.”

La última vez que la vi, cinco años atrás,  fue en la cafetería de la facultad de medicina. Por entonces estaba en el segundo curso de  carrera y vestía de aquella forma bohemia que a algunos estudiantes les había dado por llevar. La larga melena de  pelo se la retiraba de la cara sujetándola con un pañuelo a modo de diadema.  Entre cafés y cigarrillos, me contó sus intenciones de dejar sus estudios. Me dijo que estaba harta de la medicina, que no le gustaba ni sentía vocación alguna. Que si se había matriculado en la facultad, era por no darle un disgusto a sus padres, quienes tenían más empeño que ella en que fuera médico.

Yo me quedé algo aturdido, pues no daba crédito a lo que estaba oyendo y más después de llevar dos años de estudio con unas notas brillantes. Así que le pregunté qué haría en lugar de seguir estudiando.

Dedicarse a la moda. Esa fue su respuesta. Sí, desfilar en pasarelas, ser la imagen de alguna firma en prendas de vestir, posar para  reportajes fotográficos... Fue entonces cuando pasé del aturdimiento a la estupefacción.  No tenía nada que ver lo que había hecho hasta ahora con lo que pensaba hacer.  Cuando salí del shock que me produjo su decisión le dije lo que seguramente estaba esperando oír de mi; le dije que si eso era lo que quería y que si lo tenía claro, que adelante. Lo cierto es que era bastante guapa. Con el toque de un buen estilista y algo de deporte, sacaría buen partido de sí misma.

Así que colgó la bata de las prácticas, archivó los libros, metió lo imprescindible en una maleta y una visa en su cartera y se marchó a París.


Nunca perdimos el contacto, bien a través de e-mails o de llamadas telefónicas seguíamos contándonos  nuestras vidas.  Aproveché uno de mis congresos sobre medicina,  celebrado en París, para volver a vernos. Y allí, en una terraza de aquella plaza, quedé con ella.







"Las Fuentes del Pacífico"
Jesús Ferrero

"...tor Michel Leclerc, médico de la tripulación y contramaes-"

Que los dioses te guarden, Fabio, de esta plaga, pues de todas las formas de purificar el cuerpo que el hado nos envía, la diarrea es la más pertinaz y diligente. A menudo he debido sufrirla, como ocurre a quien, como yo, se adentra en los más remotos rincones del Imperio e incluso allende sus fronteras en busca del saber y la certeza. Pues es el caso que habiendo llegado a mis manos un papiro supuestamente hallado en una tumba etrusca, aunque procedente, según afirmaba quien me lo vendió, de un país más lejano, leí en él noticia de un arroyo cuyas aguas proporcionan la sabiduría a quien las bebe, así como ciertos datos que me permitieron barruntar su ubicación. 
De modo que emprendí viaje y hace ya dos años que ando probando todas las aguas que encuentro sin más resultado, Fabio, que el creciente menoscabo de mi salud, por cuanto la afección antes citada ha sido durante este periplo mi compañera más constante y también, por Hércules, la más conspicua. 

Es por ello que atentando contra toda lógica, me he embarcado en una nave para no bajar más de ella hasta que de la mar salga el dios Apolo con su tridente y me lo clave en el lugar adecuado, es decir, en el ano, bendiciéndome así con su poder acuático y haciendo que sane de este mal. Para ello, siempre voy con el ojo innombrable apuntando a las saladas aguas. 
Que los dioses me ayuden, Fabio, y cuando esté repuesto, me tendrás de vuelta.
Atentamente, P. Flatus


“El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”
Miguel de Cervantes Saavedra

“Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso...”

En la aldea que la reconocí, mecíase ella como el viento entre sus doncellas que allí estaban para servirla. Mi señora era de natural alegre y generosa de carnes, llevaba el mismo hábito que las demás y hacía las mismas cosas, por no dar señal de su rango. Entendí que utilizaban con ella un nombre más familiar, que no tenía la enjundia que el que yo le adiviné sin saber a ciencia cierta su gracia.

Cuando me acerqué lo suficiente para ser visto por ella, bajéme de mi jumento y postréme ante ella, como no podía ser de otra manera. Entiendo que la sorpresa le dejase sin habla, como le sucedió en un entretiempo, que a mi se me hizo eterno. Al fin vino hacia mí, hizo una pequeña reverencia, y cuando yo sospechaba que me solicitaría con sus brazos, diome un empujón, como se da a los mozos que osan acercarse más de lo debido. ¡A fe mía que fue grande su desconcierto!






“Kitchen”
Banana Yoshimoto

"Pero no era tristeza; tuve la sensación que lloraba por muchas cosas distintas"

Era un día de esos que invitan  a estar tumbada en el sofá con esa laxitud que da el contemplar la lluvia y el frío tras los ventanales.
 Busqué una postura cómoda y me dispuse a dejar resbalar las horas por mi cuerpo, arrebujado en esa manta cálida que acompaña mis soledades.

Mi somnolienta  mirada, viendo sin ver, iba de acá para allá sin posarse en ningún objeto en concreto, mientras mi mente puso en marcha la moviola de los recuerdos que se iban sucediendo sin ni si quiera guardar turno para salir. Se  atropellaban unos a otros.
Sin saber cómo ni por qué, mis ojos empezaron a nublarse bajo una cortina de lágrimas que mansamente comenzaron a caer por mis mejillas, llegando a sorprenderme por lo inesperado de la situación.

Quizás los recuerdos me pusieron triste... " pero no era tristeza; tuve la sensación que lloraba por muchas cosas distintas": impotencia... orgullo... soberbia...soledad...
Me tragué el orgullo, doblegué la soberbia y me envolví en la soledad, pronunciando una y otra vez quedamente su nombre y empecé a acariciar mi cuerpo y a amarme como nadie lo había hecho hasta entonces. Ni si quiera yo misma.

También desapareció la impotencia, arrastrada por mis últimas lágrimas.



"Antología Poética"
Jorge Luis Borges

"Hubo una vez, hace tiempo, cuando reinaba la nada, que apareció de esa nada, cundo todo era silencio, cuando la luz no existía, hubo un algo que brotó de improviso y aquello que era nada, empezó por vez primera a tomar forma, y desde ese momento, comenzó a ser…algo, apenas, pero fue..."

Así se dio el comienzo. Primero nada, después algo, y más tarde, alguien que aprendió a llorar solo, sin que le enseñaran, y fue niño al principio, dispuesto a crecer para hacerse adulto.
Entonces fui yo. Y así me encontré en la vida, sin saber ni entender nada. Solamente estaba…y poco a poco pasé a ser uno más, y comenzó la enseñanza, aprendiendo todo, de apoco, hasta saber distinguir lo que creí bueno de lo que no.

Ya conocía lo que era el afecto y qué era el cariño y qué era tener a alguien cerca a quien querer y así aprendí a reconocer la felicidad, con la misma sencillez con que se adora una cometa ose acaricia una simple pelota de fútbol. Fue la época en que tenía apenas un poco de algo, y ese algo –tan pobre al principio- comenzó a valorizarse y me acompañó hasta hoy y nunca murió, ni morirá con el paso del tiempo.
Todo forma parte del recuerdo que estará siempre conmigo, como mi piel, cubriendo y cuidando ese que soy.

Y el tiempo fue pasando, la vida siguió su curso y comenzó otro 
momento distinto, otra forma de ver y entender. Siguió el aprendizaje, con temas nuevos y desconocidos y seguí eligiendo lo que creía mejor, dejando de lado lo que no servía, lo que no educaba, lo que no enseñaba.

Después, en el momento de hacer balance de nuestros actos, pocos o muchos -la cantidad no interesa- uno va poniendo énfasis en lo que puede ser enseñanza para los que vienen detrás.



Participantes por orden alfabético:

Alfredo
Any
Atalanta
Carmen
Casss
Cecy
Dorotea
Eduardo
Emejota
Encarni
Fabian
Gaby
Gustavo
Juan Carlos
Leonor
Manuel
Mar
Mª José
Medea
Miralunas
Mónica
Natalia
Pepe
Rossina
Tere
San
Sindel
Toni
Tracy
Verónica






22 comentarios:

Neogéminis dijo...

uuuuuuuuufffffffff qué difícil se me hace!Aprovecho para felicitarlos, chicos por el trabajo monumental que supone haber armado esta propuesta...y lo que falta!
=)

emejota dijo...

Enhorabuena, por un trabajo estupendo que os ha salido redondo. La idea de unificar todas las entradas resulta comodísima para el lector, además el estímulo de adivinar, para quien guste resulta muy atractivo.
Al principio se hacía algo complicado porque toda novedad trae consigo algo de complicación, en este caso ha sido para bien, al menos así me parece.
He leído unos cuantos y volveré para seguir leyendo, y seguir pasando un buen rato, el nivel de los "escribidores" es muy bueno. Bss.

Atalanta dijo...

En dos palabras:

IN SUPERABLES.

Besos agradecidos

Lupe dijo...

Hola, guapetones.

Aunque me ha sido imposible participar, os sigo de cerca. He leído algunos relatos y, a ratos, seguiré con más y veré como acaba la historia juevera.

Mi más sincera felicitación por vuestro trabajo.

Dos abrazos.

Lupe

Neogéminis dijo...

Chicos, no sé por qué en la columna de blogs actuallizados, no me sale esta entrada del Daily, porlo que opté por hacer como Cass y Alfredo, enlazando desde su blog esta convocatoria.
Un abrazo

Teresa Oteo dijo...

Si que está complicado! Vaya jueves que habéis montado y vaya trabajo! os lo habéis currado pero bien!
Gracias y besos!!

San dijo...

Hice desde mi blog como Neo, os enlace para que quien me visite llegue hasta aquí y pueda disfrutar de todos estos relatos.
Magnífico trabajo supermanes.
Y que dificil descubrir!!!!!!!
Un beso.

Tracy dijo...

Os doy la enhorabuena amigos. habéis tenido mucho trabajo y lo habéis hecho superbien, ahora nos toca a nosotros y yo al llevar poco tiempo no os conozco bien, lo tengo superdifícil.

Rochies dijo...

paso a felicitarlos. Espero en algún momento poder leerlos a todos y dejarles mis comentarios.
El trabajo es impecable, mis queridos.

Sindel dijo...

Leí los primeros relatos y estoy completamente despistada!!! No creo que pueda ubicarlos me han desconcertado hasta ahora muy bien!!!

Juji dijo...

Está quedando increíble. Buena idea y genial el resultado.
Un abrazo a los anfitriones y a los participantes.

Encarni dijo...

Yo sigo con mi quiniela, creo que es surrealista, pero al menos si no sé de quién son los relatos, al menos me los voy a inventar.

Enhorabuena al equipo, prque menuuuudo trabajo habéis y estáis haciendo.

Un abrazo fuerte para ambos :)

Natàlia Tàrraco dijo...

Lo vuestro es de ovación y vuelta al ruedo, geniales y genial idea...otra cosa es adivinar ni uno ni una.
Los he leído varias veces, la tira de veces, una calidad que echa de espaldas, nos hemos esmerado a topes. Felicitaciones Daily, amables y abnegado/a.
Aplauso a los jueveros y jueveras, ya he sudado lo mío, no le doy más vueltas, os envío mi quiniela desastrosa.

Besitos en general y hasta el lunes !qué intriga!

Any dijo...

Ahijuna con la lobuna! diría Don Inodoro Pereyra ... que difícil está esto. Yo creo haber identificado a tres ... ya solo me falta ponerle autor a los otros 27 taquelotiró!

besos a los reporteros mas top de la blogósfera!

Leonor dijo...

Chiquillos, vaya trabajo en el que os habéis metido. Me parece genial la idea y me estoy divirtiendo de lo lindo, aunque creo que no voy a acertar ni uno.

Ya os mando mi quiniela para que no se os junte todo el trabajo el mismo domingo.
Un abrazo.

Leonor.

Matices dijo...

No salís en las actualizaciones,amigos... pero me lo he impreso y ando leyendo los relatos, lo primero, no sé si por que están en papel, estoy disfrutando palabra por palabra de ellos, sin prisas y con mucha pausa, porque me está costando encontrar a los autores... la Excel de Manuel está llena de símbolos, tachaduras, números y en tinta invisible... dudas, muchas dudas... Que penita no haber podido participar, os habéis superado todos, desde la organización hasta los participantes, felicidades... Besos!!

G a b y* dijo...

Más despistada que pulga en perro de plástico, ya me lancé al aire con las posibles autorías de cada texto. No quiero dejar de decir que la propuesta no solo me encantó, sino que lo que han armado aquí es toda una producción formidable: los felicito! Por otro lado... qué buenos textos! Para todos vaya el aplauso.
Un beso y a esperar resultados!
Buen fin de semana.
Gaby*

mariajesusparadela dijo...

Increible convocatoria. Originalísima.
Y el resultado es muy bueno.

censurasigloXXI dijo...

Sólo he acertado uno, el mío.
Imposible.

Los libros son curiosos, porque yo no leo autores españoles a no ser que sean clásicos, como mucho del XIX. La señora Larson me aburrió como una ostra, pero Stieg Larson me creó un antes y un después.

Con Ken Follet me paseo los domingos solamente y me tiene agarrada.

No creo que acierte nada, pero dejaré una buena ración de café y tarta para mientras vais leyendo, amigos.

Un beso a todos.

Marta C. dijo...

QUERIDOS JUEVEROS, SOLO PASO A SALUDAROS Y A DESEAROS MUCHA SUERTE Y ACIERTO EN LA PROUESTA DE LA SEMANA, DIFÍCIL DONDE LAS HAYA. A MÍ ME PARECE MISIÓN IMPOSIBLE, NI PUEDO NI ME ATREVO A HACER NI UNA SOLA CONJETURA. CUANDO CADA UNO PUBLIQUE SU RELATO, PASARÉ A VEROS A LOS QUE PUEDA. ¡ANIMO E IMAGINACIÓN!

Mar dijo...

Llevo pocos jueves con vosotros, de tal manera que aún no se muy bien el estilo de escribir de cada uno, por lo que hacer una quiniela, sería aventurarme a que la suerte casara autor con relato.

Bss.

pluvisca dijo...

Que buenooooo, aqui reuniendo perlas como tesoros

Me gustó mucho, tanto los relatos como la idea

Besos


Este, es un trabajo realizado por dos reporteros de ficción, que con la mayor de las indisciplinas, pretenderán entreteneros con sus informaciones sobre la actividad en nuestro virtual espacio Blogosférico.

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